- El 69% de los sénior no cree en el futuro del vehículo eléctrico y el 71% no instalaría punto de carga en casa, según estudio del Observatorio Cetelem.
- El transporte público es la opción preferida (68%) frente a bici (24%) o coche eléctrico (21%), mientras solo el 5% usaría patinete eléctrico.
- El 88% no ha usado carsharing en el último año y el 72% no renunciaría a tener coche en propiedad, mostrando escepticismo hacia nuevas movilidades.
El Observatorio Cetelem ha presentado el estudio 'Los sénior ante la movilidad urbana sostenible', revelando profundas diferencias generacionales en la adopción de nuevas formas de movilidad. La población entre 55 y 75 años muestra un notable escepticismo hacia el vehículo eléctrico, con un 69% que no cree en su futuro, contrastando con el 66% de jóvenes que sí confían en esta tecnología. Esta brecha se extiende a otros aspectos de la movilidad sostenible, desde el carsharing hasta los patinetes eléctricos.
En cuanto a las opciones de movilidad sostenible que los sénior estarían dispuestos a utilizar en su día a día, el transporte público lidera con un 68% (10 puntos por encima de la media nacional), seguido por la bici con 24% (9 puntos menos que la media) y el coche eléctrico con 21% (4 puntos por debajo del total). El patinete eléctrico apenas convence al 5% de los sénior, frente al 32% de jóvenes que lo considerarían. Esta preferencia por opciones tradicionales marca la diferencia generacional.
El 69% de los sénior no cree en el futuro del vehículo eléctrico, contrastando con el 66% de jóvenes que sí confían en esta tecnología.
La recarga doméstica encuentra una notable resistencia entre la población sénior, con un 71% que no estaría interesado en instalar una estación de carga en su hogar. Las principales razones son la falta de vivienda unifamiliar o plaza de garaje propia (60%) y el alto coste de la instalación (28%). Sin embargo, el 61% considera indispensable la instalación de puntos de recarga rápida en la vía pública, mostrando una actitud más favorable hacia la infraestructura pública que hacia las soluciones privadas.
Los servicios de movilidad compartida no logran convencer a los sénior, con un 88% que no ha usado carsharing, carpooling o modelos de suscripción en los últimos 12 meses. Además, el 72% no estaría dispuesto a dejar de tener coche en propiedad para sustituirlo por estos servicios. Solo el 39% cree que el carsharing es más económico que tener vehículo propio, y apenas el 40% considera que su uso es la mejor solución medioambiental de futuro, porcentajes muy inferiores a los registrados entre los jóvenes.
El 88% de los sénior no ha usado servicios de movilidad compartida en el último año y el 72% no renunciaría a tener coche en propiedad.
Para acelerar la renovación del parque automovilístico, los sénior consideran que las medidas más efectivas serían los incentivos fiscales para vehículos eléctricos o híbridos (30%) y las mejoras en infraestructura de carga (21%). Aunque el 59% reconoce que el distintivo medioambiental afecta a su día a día, el 60% afirma que no cambiaría de coche por esta razón. Paradójicamente, el 67% asegura que su próximo coche será de cero emisiones, mostrando una contradicción entre sus creencias y sus intenciones de compra.
El estudio también revela que el 66% de los sénior considera importante la movilidad urbana sostenible en su día a día, incluso por encima de la media nacional (63%). El 77% valora la inversión pública en transporte ecológico, y el 68% considera importantes las acciones municipales para mejorar la movilidad sostenible. La mayor accesibilidad a transportes alternativos es el cambio más significativo percibido por el 42%, seguido de la mejora en carriles bici (34%), demostrando que aunque son críticos, reconocen los avances en sus ciudades.
La investigación, realizada mediante 1.000 encuestas online con un error muestral de ±3.16%, confirma la existencia de una brecha generacional en la adopción de nuevas formas de movilidad. Mientras los sénior apoyan el transporte público tradicional, muestran resistencias significativas hacia las soluciones tecnológicas emergentes como el vehículo eléctrico y los servicios de movilidad compartida, lo que plantea desafíos para la transición hacia un modelo de movilidad más sostenible e inclusivo.