Con tres Grandes Premios en Estados Unidos (Austin, Miami y Las Vegas) y dos equipos americanos en la parrilla 2026, la F1 vive su mejor momento en Norteamérica.
Pero la historia de la categoría en el país es larga y variada. Repasamos los cinco mejores circuitos que han acogido el Gran Premio de EE.UU. a lo largo de las décadas.
Quedan excluidos los tres trazados actuales por su corto historial, así como las 500 Millas de Indianápolis que puntuaron entre 1950 y 1960.
Desde 1908 hasta la actualidad, Estados Unidos ha acogido 78 Grandes Premios puntuables para el mundial repartidos en una docena de escenarios. Algunos fueron olvidables, otros simplemente magníficos. Esta selección se basa en la longevidad, el desafío que planteaban a los pilotos y su popularidad entre aficionados y protagonistas.
Arrancamos con el quinto puesto, que bien podría haber sido para Sebring (una carrera, pero decidió un título) o Phoenix (tres ediciones y el duelo Senna-Alesi en 1990). Sin embargo, Detroit se lleva la mención por sus siete años de presencia.
5. DETROIT (1982-1988)
Un estrecho circuito urbano plagado de curvas de 90 grados que, sin embargo, supo albergar grandes carreras. En 1982, John Watson ganó desde la 17ª plaza de la parrilla. Al año siguiente, Michele Alboreto dio a Tyrrell su última victoria. En 1984, el rookie Martin Brundle llegó a 0,8 segundos de Nelson Piquet tras una carrera de casi dos horas (resultado después anulado).
Ayrton Senna completó un hat-trick de victorias en 1988, el último año de Detroit en el calendario. Fue sustituido por Phoenix, que apenas duró tres temporadas.
Detroit era un desafío físico y mental. Cualquier error significaba el muro, pero cuando acertabas, la recompensa era enorme.
DETROIT EN CIFRAS
- Ediciones: 7 (1982-1988).
- Ganador más exitoso: Ayrton Senna (3).
- Hito: John Watson ganó desde la 17ª plaza en 1982.
4. RIVERSIDE (1960)
Una sola carrera mundialista, pero qué carrera. Riverside era considerado uno de los trazados más desafiantes de Norteamérica. En 1960 acogió el último Gran Premio de la temporada, con la ausencia notable de Ferrari.
Stirling Moss salió desde la pole, pero Jack Brabham (doble campeón reciente) y Dan Gurney le superaron en la salida. Un incendio en el coche de Brabham por un depósito sobrellenado dejó a Moss al frente. El británico se impuso por 38 segundos a Innes Ireland. Pese a la calidad del circuito, apenas 20.000 espectadores acudieron, demostrando que la F1 aún no había conquistado Estados Unidos.
RIVERSIDE
- Ediciones: 1 (1960).
- Ganador: Stirling Moss (Lotus-Climax).
- Curiosidad: Ferrari no participó.
3. INDIANÁPOLIS (2000-2007)
Excluidas las 500 Millas que formaron parte del campeonato entre 1950 y 1960, el regreso de la F1 a Indianápolis en 2000 fue multitudinario: unas 250.000 personas presenciaron la victoria de Michael Schumacher. Al año siguiente, Mika Häkkinen ganó apenas tres semanas después de los atentados del 11-S, un gesto que dio prestigio a la categoría.
Hubo momentos para olvidar, como la chapuza de la llegada en formación de 2002 o el desastre de los neumáticos Michelin en 2005. Pero la última carrera, en 2007, ofreció un vibrante duelo entre Fernando Alonso y el rookie Lewis Hamilton, con victoria del británico por 1,5 segundos. El circuito, que usaba parte del óvalo en sentido contrario, aportaba algo diferente al calendario.
INDIANÁPOLIS
- Ediciones: 8 (2000-2007).
- Más victorias: Michael Schumacher (4).
- Récord: 250.000 espectadores en 2000.
2. LONG BEACH (1976-1983)
El Gran Premio del Oeste de EE.UU. se celebró en este espectacular circuito urbano durante ocho años. Desde el principio fue un éxito. En 1977, Mario Andretti ganó por solo 0,8 segundos ante Niki Lauda. Nelson Piquet logró su primera victoria en F1 en 1980, y Lauda venció en 1982, en su tercera carrera tras su regreso.
La edición de 1983 es histórica: John Watson ganó desde la 22ª posición de la parrilla, la remontada más larga de la historia de la F1. Junto a su compañero Lauda (23º), firmaron un doblete histórico. Desavenencias entre el promotor y Bernie Ecclestone hicieron que la carrera pasara a ser de IndyCar desde 1984, donde sigue siendo uno de los eventos estrella. La F1 aún lo lamenta.
1. WATKINS GLEN (1961-1980)
Con 20 Grandes Premios, Watkins Glen es el circuito que más veces ha albergado la F1 en EE.UU. Sustituyó a Riverside en 1961 y se convirtió en un clásico hasta 1980. Graham Hill ganó tres veces consecutivas (1963-65) con BRM, Jim Clark dio al problemático motor H16 de BRM su única victoria en 1966, y Jochen Rindt (1969) y Emerson Fittipaldi (1970) estrenaron su palmarés allí.
Gilles Villeneuve protagonizó una exhibición bajo la lluvia en 1979, y Ronnie Peterson venció a James Hunt por 0,7 segundos en 1973, aunque ese fin de semana quedó marcado por el trágico accidente de François Cevert. Al año siguiente, Helmut Koinigg también perdió la vida en el mismo lugar.
El trazado rápido, con cambios de elevación y mucho carácter, sería difícil de homologar hoy, pero sigue siendo uno de los grandes circuitos que ha visitado la F1.
MENCIONES DE HONOR
Sebring (1959) acogió el primer Gran Premio de EE.UU. y decidió el título a favor de Jack Brabham, que empujó su coche hasta la meta. Phoenix (1989-1991) nos regaló el duelo entre Senna y Alesi en 1990. Dallas (1984) fue un desastre de calor y asfalto roto, pero también parte de la historia.
Hoy, la F1 vive un momento dorado en Estados Unidos con tres carreras y dos equipos. Pero la historia no empezó ayer. Desde los rápidos giros de Watkins Glen hasta las calles de Long Beach, pasando por el óvalo de Indianápolis, estos cinco circuitos construyeron los cimientos de la pasión americana por la categoría. Ojalá algún día podamos ver a los monoplazas actuales rodar de nuevo por alguno de ellos.